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| Domingo Faustino Sarmiento, quien pidió sembrar trigo para ganar los mercados posibles en el comercio global. |
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CIUDAD DE BUENOS AIRES (edición i). Las visiones iniciales de Joseph Schumpeter, del empresario como agente de innovación y cambio -y por lo tanto de desarrollo económio-, significaron no solo un novedoso instrumento explicativo de la función empresarial en el proceso económico, sino también una herramienta para pensar los problemas de las economías capitalistas occidentales. La Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard se convertiría entonces en el centro de producción y difusión de conocimiento más importante de esta disciplina, que poco a poco se iría difundiendo por Europa y América latina.
Cabe recordar que, en el lapso de más alta integración a la economía internacional, el país recibió no solo flujos de inversiones de capital sino también una renovación profunda en métodos de producción y de organización empresarial en muchos sectores, y la historia económica del período necesita ser complementada con la investigación de estos procesos de innovación en el medio empresarial local.
En cierto modo, los 'pioneros' de ese medio empresarial fueron también actores en la formación del capital humano que transformaría la economía y la sociedad argentina, suministrando a la industria y el comercio locales, la mayor parte del 'talento empresarial' y la incorporación de un nuevo know-how para los nuevos emprendimientos económicos.
El telón de fondo de la cambiante historia económica argentina que, tras los primeros pasos dados desde mediados del siglo 19 en una situación de marcado estancamiento, se desenvuelve en lo que se ha llamado 'el ciclo de la ilusión y el desencanto': desde el optimismo inspirado por la espectacular transformación económica iniciada en las últimas décadas del siglo 19, hasta la persistente sensación de frustración generada por la acumulación de cambios en el contexto internacional y de fracasos de política pública que marcaron un derrotero bien distinto en la performance económica del país.
La transformación económica que experimentó el país a partir de entonces lo colocó en una posición privilegada: llegada de importantes inversiones dirigidas a obras de infraestructura que se constituían en importantes resortes del funcionamiento de la economía; llegada de millones de inmigrantes que, además del impacto económico producido en la disponisiblidad de mano de obra, se convertirían en un factor de modernización social y cultural; sostenido crecimiento de las exportaciones que hicieron de la Argentina el país líder de la región en cuanto al intercambio comercial con el resto del mundo y en cuanto al crecimiento del ingreso per cápita. El éxito económico afirmó aún más el círculo virtuoso que se generaba entre la estabilización institucional y el crecimiento; el impulso inicial dado por la paz roquista se vio reforzado por la disponibilidad de nuevos recursos fiscales generados por el sector externo, lo que permitió el afianzamiento de las nuevas instituciones estatales.
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